Contexto histórico

No es de extrañar que en plena revolución industrial, social y cultural, para el teatro es un siglo de progreso. Se busca un cambio y una mejora artística, y al mismo tiempo aparecen nuevos auditorios, la ciencia y la tecnología aportan nuevos avances en la iluminación y la escenografía. Se abandonan las bambalinas y los cortinajes para pasar al llamado “medio cajón”. El vestuario se vuelve preciso y acorde con la época histórica que se representa en la acción dramática, y la escenografía es más imaginativa en algunos casos o más realista en otros.

Un nuevo público

Efectivamente, un público formado por la burguesía y las capas populares, generalmente poco instruidas, que buscaban en el teatro una forma de entretenimiento, de evasión. El teatro el arte de la polis, como decían los griegos y las ciudades crecen y crecen…

El siglo del romanticismo

Aunque siguen otros estilos de teatro es justo resaltar que el siglo XIX fue el siglo del Romanticismo en todo su esplendor.

En Alemania nace el movimiento Sturm und drang con Goethe y Shiller a la cabeza. En Francia el escándalo por el estreno de “Hernani”, de Víctor Hugo, en 1830 dividió al público francés en partidarios del clasicismo y partidarios de la libertad romántica, en una verdadera batalla campal que se repitió durante las cuarenta y cinco representaciones que tuvo la obra. Hugo declaró que “el Romanticismo es el liberalismo en literatura”, y defiende la total libertad del autor para sus creaciones.

Un teatro más ligero y menos polémico representa el melodrama y el vodevil que entretiene a la pequeña burguesía parisina. En esa línea, pero de mucha mayor calidad, encontramos a Alejandro Dumas, el hijo, que fue lanzado a la fama por su obra “La dama de las camelias”, llevada a la ópera por Verdi como “La Traviata”.

¿Y en nuestra querida España?

Los románticos se sintieron atraídos, como los europeos, por dramas históricos de escenarios insólitos, tenebrosos o exóticos, por personajes malditos, y por las tragedias en el que el amor y el destino llevan a un desenlace desastroso a sus protagonistas. Destaca entre todas la obra de Hartzenbusch, “Los amantes de Teruel”. El Duque de Rivas escribe también un célebre drama histórico, llevado luego a la ópera por Verdi, “Don Álvaro o la fuerza del sino”, lleno de sucesos azarosos y truculentos.

Pero quien se lleva la palma y el triunfo a traves de los tiempos es José Zorrilla, que recrea de nuevo la figura del seductor demoníaco don Juan, en su obra “Don Juan Tenorio”, donde por primera vez el protagonista es salvado por el amor de doña Inés, y no condenado como sus antecesores. Liberal pero sin pasarse…