Cyrano por José Luis Gil

Podría decir que Cyrano ha estado en mi cabeza siempre, al menos desde que empecé a dar mis primeros pasos como actor cuando era un niño. Recuerdo bien cómo descubrí un personaje con un mundo interior tan lleno de ternura, valentía, frustración y melancolía -es decir, de vida- que me imaginaba dentro de su vestimenta dispuesto a vivir la aventura de su sufrimiento.

Años después, tras haber representado en público, infinidad de clásicos, me di cuenta de que Cyrano sería mi personaje preferido toda la vida y cuando vi en TV la versión de Julio Núñez fue uno de los momentos más emocionantes de mi vida. He seguido viendo Cyranos en Cine y teatro, cada vez más enamorado del personaje, aunque eso no hacía abrigar en mí ninguna esperanza de interpretarlo algún día. No. Jamás. No era “mi liga” (si me permiten el término deportivo).

Pero la vida pasa, las circunstancias cambian y un día no muy lejano, pensé: ¿Por qué no? Si se dan las circunstancias y las personas adecuadas. ¿Por qué no?

Decir como imagino yo a Cyrano es sencillo, lo siento en cada verso, en cada situación, me recorre cuerpo y mente. El resultado lo comprobarán dentro de poco y espero embarcarles conmigo en un oleaje de emociones cuando me vean salir con una nariz aún más grande que la mía propia.

Mi admiración y gratitud para Alberto Castrillo-Ferrer por capitanear este proyecto con el gran talento y sensibilidad exquisito de las que me ha dado muestras desde que le conozco. Sin él no sería posible. Como tampoco lo sería sin Ana Ruíz, su energía y su empuje han logrado “aterrizar” este sueño, o el resto del elenco, personas a las que quiero y profesionales a los que admiro.

Señoras y señores, este Cyrano de Bergerac comporta grandes compromisos:
¡Nos lo debemos! y ¡Se lo debemos a ustedes!
¡Disfruten con y como nosotros!

José Luis Gil