Rostand y Cyrano

Por otro lado, en lo que hoy es una de las arterias de la capital del sena, se situaba lo que se llamó “Le Boulevard du Crime”. Una zona de teatros que iban desde la Place de la République hasta Ópera en la que se concentraba una gran cantidad de paseantes y por ende de trileros, mercachifles, ladrones y buscabroncas como muy bien retrata el cineasta Marcel Carné en Les enfants du Paradis.

Crime Boulevard

Los teatros más importantes fueron Théâtre-Lyrique, el théâtre de l’Ambigu, el Cirque-Olympique, el Folies-Dramatiques, el Théâtre de la Gaîté, el Théâtre des Funambules, el Théâtre des Délassements-Comiques, el Théâtre des Associés, el Théâtre des Pygmées y el Petit-Lazari. En este bulevar había también numerosos cabarés y cafés concierto.

Y al teatro de la Porte Saint Martin llamó Edmond Rostand para que le montasen su segunda obra basada en un personaje Lunático y Poeta: Cyrano de Bergerac.

El triunfo fue arrollador, aunque según los cronistas de la época: “su temor al fracaso con esta obra fue tal que llegó a reunirse con su actor protagonista, Coquelin, unos minutos antes de la primera representación para  pedirle perdón por haberle involucrado en una obra tan arriesgada”,

A partir del entreacto la sala aplaudía de pie y Rostand fue felicitado por un  ministro del gobierno tras su finalización entregándole su propia medalla de la Legión de Honor, añadiendo que tan solo se estaba adelantando ligeramente en el tiempo con esta condecoración. La obra finalizó con veinte minutos de aplauso ininterrumpido por parte del público.